“La noche de los lápices” en el paisaje de la memoria

Según el relato construido sobre “La noche de los lápices”[1], la noche del 16 de septiembre de 1976 secuestraron en la ciudad de La Plata, a seis adolescentes hoy desaparecidos y un sobreviviente, Pablo Díaz, secuestrado días después, por luchar y reclamar por el Boleto estudiantil. Es bastante razonable que así se haya construido el relato en la inmediata posdictadura,  ya que era necesario crear un consenso deslegitimador al régimen militar.  Pero hoy, a 38 años de este conmemoración, sabemos que “los chicos de La noche de los lápices” no fueron secuestrados y desaparecidos por reclamar por el boleto educativo, sino por ser militantes de la UES, organización de Montoneros. Y tampoco fueron sólo siete chicos los secuestrados y seis de ellos desaparecidos. Si bien el 16 de septiembre de 1976, grupos de tareas dirigidos por Camps secuestraron a Claudia Falcone, Francisco Lopez Montaner, María Clara Ciochini, Horacio Ungaro, Daniel Racero y Claudio de Hacha;  con anterioridad, habían asesinado a Patulo Rave el 24 de diciembre de 1975,  el 8 de septiembre de 1976 secuestraron a Gustavo Calotti y el 10 de ese mismo mes secuestraron a Victor Tirviño. El 17 de septiembre fueron víctimas de la represión Emilce Moler y Patricia Miranda y el 21 fue secuestrado Pablo Díaz; y son más de 340 las historias de adolescentes desaparecidos en todo el país.

Sin embargo, cada 16 de septiembre, en la ciudad de La Plata, se sigue recordando “La noche de los lápices” con marchas que replican el recorrido realizado por los estudiantes en su lucha por el boleto estudiantil según se cuenta en la película que lleva este nombre. A su vez, en distintas partes de la ciudad se realizan homenajes a las víctimas, todos los años se pueden ver nuevas pintadas en las calles, se crean murales, monumentos y placas en recordación de “La noche de los lápices”

Es por esto que, si entendemos que las marcas territoriales son un instrumento para la construcción de la memoria del pasado reciente argentino;  que cambiarle el nombre a un colegio,  colocar una placa, levantar un monumento, disputan sentidos sobre el pasado y tienen un papel central a la hora de constituir la memoria en el paisaje cotidiano de los ciudadanos. Entonces, pensando en las marcas creadas en conmemoración por “La noche de los lápices” debemos preguntarnos: ¿Qué nos cuentan estas marcas de ese pasado? ¿Qué intentan no olvidar? ¿Quiénes son los emprendedores de memoria que los llevan adelante? ¿Éstos han ido cambiando a lo largo del tiempo? ¿Se han transformando sus relatos con el paso de los años? En definitiva, ¿Qué memorias construimos a través de ellas,  sobre el pasado reciente y los hechos traumáticos que acontecieron en nuestro país? Y quizás, lo más importante: ¿Qué marcaciones deberíamos construir, como emprendedores de memoria, para crear una memoria que se ajuste al momento histórico en el que vivimos y a las ideas y valores que queremos transmitir?

 

Recorrido por las marcas de memoria realizadas en conmemoración de “La noche de los lápices” 



[1] La película del director Hector Olivera  “La noche de los lápices” y el libro que lleva el mismo nombre, de Seoane y Nuñez de 1986 fueron grandes difusores de este relato y colaboraron en consolidarlo.