Las marcas territoriales son las señales que se emplean como medios para distinguir y recordar, en este caso, a víctimas, hechos o lugares relacionados con la último dictadura militar argentina, que han sido realizadas por el Estado, organismos de DDHH, otras instituciones de la sociedad civil y/o particulares.

Estas se dividen en:

Locales y localizables: las placas, los murales, los monumentos, las baldosas, las esculturas, las nominaciones de bibliotecas, calles, salas e instituciones. Cuando hablamos de marcas locales y localizables nos referimos a aquellas que perdurarán en un mismo lugar a lo largo del tiempo. Y a su vez, esa delimitación -de tiempo y espacio- se traslada a las características que adquiere la señalización: están en un lugar determinado y específico para demarcar un acontecimiento, un hecho, la ausencia y el acto propio de recuerdo y conmemoración.

Dispersas y deslocalizadas / Performativas: son las prácticas activas de la memoria que existen por la participación de los ciudadanos. El recuerdo no se materializa mediante la consagración de memoriales sino que se realiza en las prácticas mismas de los actores sociales. Son aquellas prácticas que identificamos como intervenciones, performances o prácticas conocidas como los escraches, que surgieron de la mano de la agrupación HIJOS y de las rondas de la Madres de Plaza de Mayo. Más allá de lo endeble de estas señalizaciones, la marca que resulta más significativa no tiene que ver con el lugar del escrache o la performance sino con el propio acto. En el escrache, por ejemplo, es la propia acción para la cual se convoca cierto día que cobra relevancia, el llamado a la participación, a formar parte de un acto de reclamo de justicia y de “condena social”.